NUEVO MUNDO


En estos momentos en que la lucha contra el cambio climático es una tarea global, también se pueden hacer aportaciones desde el ámbito de los negocios.


Imagen de Screenexa, Dreamstime
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El  Parlamento Europeo define la economía circular como un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido. De esta forma, el ciclo de vida de los productos se extiende.   Es decir, su gran aportación es que abandona el planteamiento lineal de producción y consumo (extraer - producir - consumir - desechar) para ofrecer uno en el que los llamados desechos vuelven a introducirse en la cadena de valor para generar diversas utilidades.

Si nos fijamos en los cuatro puntos clave que cualquier modelo de gestión, podemos ver cómo se plantea la Economía Circular:
 
  1. Leit motiv: mantener la utilidad de los productos, componentes y materiales, y conservar su valor.
  2. Fines: Optimización del desarrollo (y mejora económica).
  3. Medios: Reparar, reciclar, neutralizar, refabricar.
  4. Personas: Especialización en gestión de procesos y estudio de materiales.

Este planteamiento ha tenido muy buena acogida en la sociedad, hasta el punto de que en España  contamos con  la Estrategia Española de Economía Circular (EEEC) con la que se quiere pasar de una economía lineal a una circular de aquí a 2030, y que se verá muy pronto reforzada  por unos 85.000 millones de euros.  Una magnífica noticia que nos acerca a los logros europeos y hacia una visión más respetuosa de la naturaleza.
 

Y aún podemos dar un paso más:  podemos pasar de la visión antropocéntrica que subyace en el modelo de Economía Circular (es una forma más eficiente de utilizar los recursos naturales, que están a nuestro servicio porque somos los reyes de la creación) a una cosmovisión que nos haga contemplar a las organizaciones como un subsistema más del gran ecosistema que llamamos Planeta.  

Desde esta "nueva" cosmovisión he desarrollado un modelo de gestión corporativa que he denominado Biomimética Organizacional. (Bio = vida, mímesis = imitación).  Hace muchos años que el mundo de la ingeniería utiliza la biomímesis para diseñar productos tan variopintos como el helicóptero, el velcro o los enjambres de robots.  Ahora es el momento de aplicar la idea al mundo de los negocios para conseguir que las organizaciones consigan resultados positivos respetando a y aprendiendo de la naturaleza.
 

De acuerdo con los mencionados cuatro puntos clave de un modelo de gestión, la Biomímesis Organizacional presenta las siguientes características:
 
  1. Leit motiv: Aprender de la naturaleza.
  2. Fines: negocio en armonía con la naturaleza, como un subsistema más del ecosistema Tierra.
  3. Medios: Ciencia y tecnología como banco de pruebas de lo aprendido observando a la naturaleza.
  4. Personas: Creativas, comprometidas y éticas (salud y bienestar).

Así pues, y sin entrar en detalle, podemos señalar dos diferencias entre la Economía Circular y la Biomímesis Organizacional:

1) en el modelo biomimético, el componente social va indisolublemente unido a la gestión empresarial,  puesto que desde el comienzo se considera que la empresa es un subsistema dentro del sistema-naturaleza; es decir, las personas que integran la empresa tienen el protagonismo en la definición y ejecución de los objetivos estratégicos del subsistema empresa.  Sin embargo, aunque aparecen externalidades sociales positivas en los procesos de economía circular, estos no están explicitados ni en los objetivos ni en las estrategias del movimiento;

2) la Biomímesis va más allá de los procesos de elaboración del producto y el cuidado del medioambiente por reducción de deshechos, puesto que se trata del aprovechamiento óptimo de los recursos aprendiendo de la naturaleza e imitándola, puesto que la organización se comporta tal y como se comporta cualquier otro subsistema de la naturaleza.  Podemos aprender de los pájaros, los bosques, etc.,  e "importar" sus descubrimientos a la gestión corporativa.
 

 A grandes rasgos, la Biomimética Organizacional contempla para su implantación tres fases sucesivas: primera, diagnóstico de la organización para determinar hasta qué punto su modelo de gestión concuerda con el enfoque biomimético; segunda, comprobar hasta qué punto los líderes de la organización presentan un perfil de "líder biomimético";  tercera, acompañar a los líderes en la generación de comportamientos biomiméticos en toda la organización.

He diseñado este modelo después de varios años de estudiar el tema y muchos de ejercicio profesional, y se ha plasmado en una investigación científica dividida en tres fases: caracterizar las organizaciones biomiméticas, caracterizar el liderazgo biomimético y mostrar algunos beneficios que aporta dicho liderazgo a la organización.  El planteamiento ha sido ratificado por un Panel de 21 Expertos de diferentes ámbitos y por 282 directivos de distintos sectores de actividad, y se ha conseguido demostrar que su aplicación puede generar una mejora de hasta el 35% en la gestión estratégica sostenible y un incremento de hasta el 15% en la innovación en sostenibilidad.  Es decir, estamos hablando de un modelo de gestión que es rentable para las organizaciones.
 

Pero, sobre todo, es un modelo que nos puede ayudar a restaurar la maltrecha salud del planeta consiguiendo además que las personas nos sintamos involucradas y comprometidas con este gran proyecto global.  Podríamos decir que la Biomimética Organizacional aporta los siguientes beneficios:
 
  • Para la ciencia, incorpora nuevos conocimientos a las ciencias sociales y favorece enfoques multidisciplinares. 
  • Para los directivos, mejora el autoconocimiento y consecuente bienestar personal; mejora las relaciones interpersonales dentro y fuera de la organización; consigue mejores resultados profesionales; mejora la satisfacción de sus equipos de trabajo con un proyecto nuevo ganador. 
  • Para las organizaciones, consiguen mejores resultados, mejor posicionamiento e incremento de la reputación corporativa. 
  • Para la sociedad, contribuye a definir un nuevo modelo de interrelaciones sociales afianzando la ética y la corresponsabilidad. 
  • Para el planeta, consigue organizaciones respetuosas e integradas en el sistema.


Parece el momento idóneo para implantar la Biomimética Organizacional porque:
 
  • la pandemia del Covid19 nos está demostrando lo frágiles que somos, la necesidad que tenemos de apoyarnos unos a otros y la necesidad de evitar otras catástrofes similares provenientes del maltrato al planeta (la zoonosis es una de ellas);  
 
  • el Plan de Recuperación Europeo en  España tiene como objetivo impulsar la transición ecológica y la economía digital, y concentrará el 70% de las inversiones de los primeros 70.000 millones en los próximos tres años;
 
  • Como muy bien observa Rifkin, los nativos digitales están empezando a concebirse a sí mismos como un grupo planetario que habita una biosfera común. Extienden la empatía de una forma más expansiva,  piensan en sí mismos como miembros de una especie amenazada y empatizan con su condición común en una Tierra desestabilizada. Y un creciente número de jóvenes está empezando a dar un último paso más allá, empatizando con todas las otras criaturas con las que compartimos una herencia evolutiva.  
 
Así pues, la Biomimética Organizacional va un paso más allá: no se limita a reducir daños para poder seguir disponiendo indefinidamente de los recursos necesarios para el negocio, sino que plantea aprender de la naturaleza (y gestionar como ella) para poder comportarnos como lo que somos, un engranaje más de la vida. Es la mejor opción para que este planeta pueda seguir vivo en condiciones naturales.

Más información en:
   
 




Gabriel Barceló
30/01/2021

La Fundación BBVA ha concedido este año su Premio Fronteras del Conocimiento en Biología y Biomedicina a los investigadores David Julius de la Universidad de California, en San Francisco y a Ardem Patapoutian, del Instituto Scripps en La Jolla, por identificar los receptores que nos permiten percibir la temperatura, el dolor y la presión.


 
Precisamente, el primer escalón del conocimiento que adquirimos del mundo exterior, lo representa el Nivel Sensible, que se sustenta directamente de los sentidos: Se nutre de la captación de las sensaciones, por ejemplo, de las imágenes de las cosas con color, figura y dimensiones, las cuales se almacenan en nuestra mente y forman nuestros recuerdos y experiencias, estructurando de esta forma nuestra realidad interna, privada o personal. (Barceló, G.: Imago Universi: una historia de la concepción humana del Cosmos. Ed. Arpegio: Barcelona, 2013. http://www.editorialarpegio.com/ http://imagouniversi.com/)
El conocimiento de los sentidos del ser humano fue estudiado ya por los filósofos griegos, pero ahora, lo que estamos identificando científicamente son los agentes químicos o físicos que generan esas percepciones, por ejemplo, las proteínas sensibles a la presión que permiten que las células detecten tensión y compresión.
El cuerpo humano está provisto de órganos sensoriales, constituidos por sistemas sensibles a varios tipos de estímulos del entorno. Por tanto, el estímulo es el factor capaz de provocar una reacción en un órgano sensorial.
Nuestra percepción del mundo exterior se inicia con la estimulación de esos órganos sensoriales. Estos nos transmiten la información que procesamos hasta generar conocimientos empíricos, que representan nuestra comprensión del medio en nuestro alrededor. La percepción permite ir adecuando nuestra visión del entorno y de lo que entendemos como nuestra realidad.
Fisiológicamente podemos proponer un modelo estímulo-respuesta en el que se emite una respuesta cuantitativa, a cada estímulo cuantitativo recibido. Los estímulos pueden tener una naturaleza muy variada, pero existe una clara especialización del órgano que lo identifica: cada tipo de estímulo sólo puede ser recogido por un tipo de órgano sensorial específico, el receptor. A partir de este modelo, puede establecerse una función matemática que describa la relación f entre el estímulo x y la respuesta y:
 
E (y) = f (x)
 
Normalmente esta función es lineal, por lo que se han venido desarrollando modelos lineales, y una forma de análisis llamada regresión lineal. No obstante, pueden plantearse otros modelos matemáticos diferenciados.
También puede ocurrir que el estímulo deba tener una determinada intensidad o umbral para que se inicie esa función de respuesta. Sin ese nivel mínimo no se estimulan adecuadamente los órganos receptores, y no existe percepción para el portador del órgano sensible. (Barceló, G.: Imago Universi: una historia de la concepción humana del Cosmos. Ed. Arpegio: Barcelona, 2013. http://www.editorialarpegio.com/ http://imagouniversi.com/)
Los sentidos son el mecanismo fisiológico de la percepción, y tradicionalmente, desde Aristóteles, se habían identificado cinco sentidos: vista, gusto, oído, olfato y tacto. No obstante, en la actualidad se admite la existencia de otros muchos órganos de recepción de estimulaciones. Aquí nos interesa referirnos a la termocepción, que permite la percepción de la variación de la energía térmica de los cuerpos.
La sensación percibida por la neurona aferente o perceptora, es trasmitida mediante impulsos nerviosos a los axones, o terminaciones de las fibras nerviosas, que las trasladan a la medula espinal, y de ahí al cerebro. Posteriormente es interpretada y acumulada en la memoria del individuo mediante un proceso de percepción.
La percepción es, pues, el proceso fisiológico que permite al individuo transformar los estímulos captados por los sentidos, en la información elaborada, que memoriza y utilizará posteriormente. Es un proceso de recepción, transmisión, elaboración e interpretación de la información proveniente de su entorno y de uno mismo.
Existen tantos sistemas de percepción como sentidos. (…)
La percepción, tal como propuso Hermann von Helmholtz, en su obra: Sobre las sensaciones del tono como base fisiológica para la teoría de la música, 1863, es el proceso cognoscitivo mediante el cual los individuos captan la información de su entorno. Las magnitudes físicas que han sido captadas por los sistemas sensoriales, y que constituyen sus estímulos, permiten al individuo, mediante este proceso de percepción, disponer de una información sobre su entorno, que le faculta, inicialmente, para relacionarse con el medio, sobrevivir y reproducirse. Con el tiempo, esa representación de la realidad de su entorno, es trasmitida a otros individuos, creándose sistemas acumulados de conocimiento externo a cada individuo.
Pero esa información no siempre es completa, ni fiable. Pueden tenerse carencias de sensibilidad, como es el caso de un ciego, o tener percepciones falsas del entorno, como la ilusión del movimiento relativo, que fácilmente apreciamos cuando estamos en un tren estacionado y arranca el tren que está a nuestro lado. (…)
Estas ilusiones se generan porque nuestro sistema perceptivo descompone los acontecimientos del mundo exterior en sensaciones parciales, que se procesan por vías separadas. Por eso, la vista sólo informa de cómo se mueve, respecto al ojo, el tren que tenemos próximo, pero no del cambio absoluto de lugar en el espacio.
Por tanto, el resultado de nuestras percepciones no siempre aportará a nuestra mente una información fidedigna, además esta información, podrá ser olvidada en parte o trasformada, llegando a conclusiones también falsas.
No obstante, mediante la investigación científica y la tecnología, la humanidad ha creado instrumentos de medida de múltiples magnitudes, que nos permiten establecer con precisión la situación del medio que investigamos, superando la pura percepción sensitiva. De esta forma llegamos a conocer una buena parte de la realidad material que no es accesible a nuestros sentidos, o incluso a diagnosticar errores de nuestra percepción sensible. (Barceló, G.: Imago Universi: una historia de la concepción humana del Cosmos. Ed. Arpegio: Barcelona, 2013. http://www.editorialarpegio.com/ http://imagouniversi.com/ )
 
 
Termocepción.
Nos hemos referido a este sentido del cuerpo humano, por el cual percibimos las condiciones ambientales. Disponemos de dos tipos de receptores diferenciados, uno para frío y otros para calor. Los primeros determinan temperaturas por debajo de la corporal y los otros, temperaturas superiores a la del cuerpo humano.
Pero esta percepción se sustenta en la facilidad que tiene un determinado objeto para sustraer calor del individuo, que está caliente, pues su metabolismo genera constantemente calor. En el supuesto de dos objetos, a una misma temperatura, el individuo percibirá como más frío a aquel objeto que tenga más facilidad para extraerle energía en forma de calor, ya que está trasmitiendo más calor de su cuerpo.
Por tanto, esa sensación nace de la velocidad de transferencia de la energía. En contacto con un metal, percibiremos una mayor sensación térmica, que en caso de otro material más aislante. Por tanto, nuestra sensación no es una medida de la temperatura, si no de la velocidad de transmisión de energía: de la conductancia térmica. Con esta percepción determinamos la cuantía de la transferencia de calor.
El estadounidense David Julius descubrió el receptor de la comida picante, que es el mismo que el del calor sobre la piel, así como el del frescor de la menta, que es el mismo que el del frío.
 
Otras percepciones.
Aunque disponemos de sensores para distintas percepciones, y que el ser humano se ha desarrollado, desde su creación en la atmosfera terrestre, no disponemos de sensores para determinar la calidad de otras variables ambientales. No disponemos de un sentido de la humedad, aunque su variación podamos detectarla por otros fenómenos fisiológicos, como la tirantez de la piel, ante la falta de humedad.
Muchos individuos pueden alegar una alta sensibilidad, que incluso les permite ser artísticamente más creativos, pero la experiencia clínica acumulada demuestra que no existen percepciones para las restantes variables ambientales. Esto indica que la supervivencia ha dependido relativamente de las condiciones ambientales en las que desarrollaba su existencia el ser humano.
La nocicepción es un proceso neuronal de percepción y prevención, mediante el cual se codifican y procesan los estímulos potencialmente dañinos para el individuo. En los casos en los que el cerebro entiende que existe riesgo de preservación, genera una señal de dolor, que inicia un proceso de auto preservación. Las neuronas nociceptores reaccionan ante los estímulos externos, y tramiten sensaciones de dolor, que envían al cerebro, o a otras áreas del sistema nervioso central. Los distintos tipos de nociceptores, o receptores del dolor, responden a estímulos mecánicos, térmicos o químicos, tanto externos como provocados por el propio organismo. Las nociceptores térmicos, o termorreceptores, se activan cuando son estimulados por temperaturas muy elevadas o muy bajas (más de 42ºC o menos de 5ºC), así como por provocaciones mecánicas intensas.
Se trata pues, de una actividad sensitiva del sistema nervioso, producida por la estimulación de esas terminaciones nerviosas libres especializadas, llamadas nociceptores que sólo responden a los cambios por encima del umbral del sistema.
El armenio Ardem Patapoutian ha descubierto el receptor relacionado con la presión mecánica y el del dolor.

30/01/2021
30/01/2021 | Comentarios



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