NUEVO MUNDO


No es signo de buena salud estar adaptado a una sociedad profundamente enferma.


​El mapa no es el territorio… pero ayuda.
Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno. Así comienza Volver, el tango de Carlos Gardel.

Así me siento.

Mi brújula está venga a girar sin encontrar el Norte Magnético. Y cuando pierdes unas vías de orientación pues hay que buscar otras. Cual mantra, en mi mente se repite: si has perdido el norte, busca el centro. Si has perdido el norte, busca tu centro.

Busca el centro, busca tu centro….

Así que en esta desorientación natural voy encontrando algunos puntos de apoyo.

Cómo no puedo sacarme de las entrañas la (como poco) triple condición de mi ser: ser individual, ser social y especie humana, pues voy buscando estos tres centros con la esperanza de que en algún punto sean concéntricos y se alineen en perfecta coherencia.

El centro de la especie ha de ser el Ecocentrismo. Ya vale de antropocentrismo, urbanocentrismo,  hipercapitalismo y de todos los “ismos” que a través de un pensamiento disociado de la realidad, no tienen en cuenta el hábitat en el que nos encontramos dirigiéndonos a pasos agigantados al siniestro total.

Como sociedad el centro es fortalecer la salud de los vínculos, generando así el entendimiento con nosotros mismos, con los demás y con el Cosmos y propiciando una transición serena en los cambios de paradigma  y de estructura que se atisban en el horizonte.

Y como individua que soy, pues mi centro es el que más me cuesta encontrar, pero sé que en medio de toda esta con-fusión la solución es la com-pasión y en ocasiones (y me felicito por ello) soy capaz de acudir al ojo del huracán, remanso de paz a pesar de las circunstancias. Con el tiempo y la práctica aspiro a llegar incluso al Centro Galáctico.

Siento un profundo amor a la ciencia a pesar de sus taras, integra a su realidad los errores que comete y no intenta adaptar la realidad a sus certezas. Y también siento un profundo amor a la humanidad, también a pesar de sus taras, de nuestras taras: creo que bien organizados y formados podemos cambiar esta historia de autodestrucción.

Creo que el diálogo ciencia-sociedad es esencial en la creación de los nuevos mapas del s.XXI y que junto con el arte y la conciencia es una gran vía para generar con-versa-acciones que logren girar el sentido del círculo vicioso al círculo virtuoso, que presiento es uno de los anhelos del alma colectiva.

Os confieso que en ocasiones pienso que tengo delirios de grandeza y que estoy para encerrar. Desde mi tierna infancia he sentido que soy una inadaptada social, que soy inadecuada, incorrecta… Pero mira tú por dónde, que hace ya años leí una frase de Krishnamurti que versaba “No es signo de buena salud estar adaptado a una sociedad profundamente enferma” y esto me liberó. 

Y a partir de la aceptación de mi propia enfermedad se me han ido abriendo otros mapas de relaciones que me ayudan a sanar.

Todavía me queda recorrido, nos queda recorrido, nos queda un mapa por averiguar y un territorio que transitar, pero si nos ponemos al servicio de la vida-muerte-vida y consensuamos que el destino de este viaje es hacer el camino juntos, tal vez podamos aportar buenos remedios de medicina social para esta Tierra y los seres que la habitamos.

Inadaptadas e inadaptados del mundo ¡UNIROS! Sé que a pesar de las heridas y cicatrices también guardáis una esperanza humilde que es toda la fortuna de nuestro corazón.

¡Salud y alegría!




Francisco Lobato
19/05/2020

Esperanza
Algunos creíamos que el virus más contagioso y en fase con el presente a nivel mundial era el tristemente famoso que provoca la Covid- 19, pero no, mucho más contagioso y, si le dan tiempo, mortal, es el virus de la conspiración, la mentira, la distorsión y el bulo.
 
Cuatro patógenos en uno de los que muy pocos salen indemnes.
 
Este virus se alimenta de la falsa creencia como la de que los humanos lo sabemos todo y ese todo tiene su explicación racional y lógica.
 
No estamos acostumbrados a vivir en la incertidumbre y menos a doblar la rodilla ante lo no-visible que nos hace tocar suelo, aunque eso siempre nos conecte con la realidad.
 
Es mucho más vendible y fácil de digerir el discurso de los malos detrás de cada hecho que no podemos entender: esa supuesta élite, que lo que desea es nuestra desaparición.
 
Suponiendo que esta teoría fuera verdad, entonces ellos serían los que realmente trabajan para la luz y para la salud del planeta, pues quieren acabar con el virus más dañino que ha tenido esta tierra bendita, el ser humano.
 
Entonces todo tiene más sentido, todo es al revés de lo que pensamos y nos hacen creer que los inconscientes, egoístas, ambiciosos, asesinos, somos nosotros.
 
La mayoría de la humanidad, que cree vivir en un planeta y en un cuerpo eterno, en un trozo de roca inanimado y suspendido en el espacio, piensa también que es víctima del destino, de los iluminati, del 5g, del nuevo orden mundial, del gobierno de turno, de Bill Gates, de la OMS.
 
Siempre es el otro, parecemos políticos, tertulianos, futbolistas, hombres y mujeres, señalándose unos a otros, nunca el dedo se podrá dar la vuelta para señalarnos a nosotros mismos, a no ser que enfrente pongamos un espejo.
 
A la realidad es difícil de aguantarle la mirada y más si esta verdad nos suele reflejar, aunque sea de una forma indirecta: nadie quiere ver su cara y su responsabilidad en nada de lo que su mente niega.
 
Sobre todo porque ello supondría la necesidad de cambiar, de morir a todo aquello que nos ha dado la falsa seguridad y el falso bienestar para unos pocos elegidos, y que ahora se cae como un castillo de naipes en nuestras narices.
 
Somos una especie miope, inconsciente, soberbia, asesina y suicida, sin ningún respeto al organismo vivo que nos ha dado la vida y al espíritu que la mantiene.
 
Pensamos de una forma mágica e ilusoria que nuestros actos no tienen consecuencias y que nuestra falta de respeto, cuidado y compromiso por toda vida, es una condición natural del que es superior a todos los demás organismos del planeta.
 
No seremos la primera especie y ni siquiera humanidad que desparezca engullida por su propia voracidad y locura.
 
Por eso no nos preparamos para nuestra próxima extinción, igual que no nos despedimos, ni parece que nos importe el cada vez mayor número de especies que desaparecen  por nuestro mal uso de los recursos y la ausencia de consciencia de la interdependencia entre todo organismo vivo.
 
Pero este mensaje no vende como podría hacerlo cualquiera de las películas de misterio, con tramas enrevesadas que llenan las redes sociales y en las que siempre se descubre al asesino y suele ser el que uno menos se imagina.
 
Así funciona nuestra mente racional, nos gusta buscar retos, enigmas, problemas complicados de donde salir airosos poniendo a prueba nuestra suprema inteligencia y sagacidad.
 
Somos los conquistadores de la naturaleza y del universo, nuestro nivel de contagio de la estupidez humana es superior a cualquier coranovirus conocido.
 
Personalmente, la esperanza que tenía de que una prueba colectiva como esta en la que estamos inmersos nos hiciera reflexionar, comprender y analizar la situación del mundo y nuestro papel en este, va desapareciendo como un hielo sumergido en un vaso, se va deshaciendo lenta y dolorosamente.
 
Este dolor que muchos tenemos en lo profundo del pecho y que se intensifica cuando observamos la situación en la que nos encontramos y en la que todos hemos participado, es también un despertador de la consciencia.
 
Nuestra condición humana a nivel mental es difícil de cambiar, pero no imposible.
 
Más fácil es la apertura de nuestro corazón y sus diferentes dimensiones, que es lo más humano y sutil que tenemos, y que nos hace detentores de amor incondicional, empatía y compasión.
 
Condiciones esenciales para empezar a reconocer el sufrimiento que inunda una gran parte de la vida manifestada, y disparador para pasar a la acción y dejar de señalar todo lo que pasa por nuestras narices.
 
Porque ese pequeño juez que habita en cada uno de nosotros lo único que consigue es calmar nuestra mala conciencia y sentirnos más pequeños e impotentes por la suprema maldad que nos rodea, haciéndonos aún más pasivos.
 
Esa es la verdadera conspiración de la anticonsciencia, conseguir que no hagamos nada, que no luchemos contra nuestras propias inercias, que no iluminemos nuestras inconsciencias y que no pongamos nuestro potencial humano a pasear para cambiar realmente el mundo.
 
Deberíamos colaborar, conspirar, conectar las diferentes voluntades de los que el pecho se nos desgarra con cada injusticia, con cada muerte por inanición, con cada extinción programada.
 
Este dolor sublimado puede ser el combustible de la reacción y de la construcción de algo diferente, luminoso y ordenado que sea de verdad expresión de la consciencia planetaria que deberíamos de encarnar como seres humanos.
 
Dejemos de escondernos entre las brumas de las conspiraciones y pongamos nuestra energía en construir lo nuevo, lo inimaginable, lo utópico. Ya vamos tarde.

Un placer haber podido asistir a la reunión del comité científico de altísimo nivel celebrada esta semana en el seno del Club Nuevo Mundo.

Comparto todo lo que se dijo.  El reto, como bien apunto uno de los ponentes, es presentar una propuesta para movilizar a la sociedad hacia los nuevos comportamientos que hacen falta para gestión los resultados sociales y económicos de esta pandemia.

Como bien apuntaron todos, la pandemia está dando una oportunidad a la humanidad para reconducir los sistemas de vida que nos han levado al borde del caos.

Principales problemas

La destrucción del medio ambiente, como resultado de una enorme inconsciencia permisiva que permite pagar por contaminar, implica a toda la humanidad en  la destrucción del planeta.  No es sostenible.  En estos pocos días de confinamiento se pueden ver las estrellas, las ciudades disfrutan de una atmosfera limpia.

La curva demográfica que, por una parte, envejece a la población del mundo desarrollado, y por otro descontrola  la natalidad en las áreas no desarrolladas, que son responsables del 93% del crecimiento de la población, hace insostenible el modelo.

La riqueza que cada vez está en menos manos, mientras que se desvanece la clase media e incrementa la población por debajo del índice de pobreza.  No es sostenible

El endeudamiento de países, regiones, y empresas, hace irreal la sostenibilidad económica que ahora depende de la confianza o credibilidad que se le pueda dar a un país o una envidad. No es sostenible

La velocidad de los cambios en tecnologías de consumo hace insostenible sus costes de reposición.

Se educa para saber y no para aplicar.  Hay que educar para aceptar, potenciar y gestionar las diferencias entre las personas, para evitar los conflictos que destruyen la convivencia en países y entre culturas.  Y para crear una población innovadora y eficiente, generadora de calidad de vida.

El tiempo del trabajo se mide por los resultados y esclaviza a las personas. No es sostenible. El teletrabajo ser imperativo, ya que el mundo está unido ya telemáticamente, para defender la calidad de vida de las personas.  

La ciencia tiene que venir al rescate de la humanidad. Debe ser política global dedicar el 90% del presupuesto de investigación a financiar aquellas tecnologías que contribuyan a la salud del medio ambiente….

Y  no destinar fondos  a viajes interplanetarios cuando se está destruyendo el mundo en el que viven 8.000M de personas.  Mejor destinarlos a limpiar los mares, cultivar las tierras, controlar las lluvias, eliminar  la contaminación que crean coches y fabricas, premiar el uso y desarrollo de energías limpias.

Esta podría ser una conclusión y una recomendación de trascendencia.

Consideramos de interés conocer la opinión sobre la TID, de expertos en astronáutica y ciencias aeroespaciales. Hoy incorporamos aquí los comentarios del Dr. ingeniero aeronáutico, y máster en Ciencias Aeroespaciales por la Universidad de Princeton, Dr. Alvaro Azcárraga.


Como es sabido, en su momento, el Club Nuevo Mundo y Dinámica Fundación convocaron un concurso de talento en Física; el premio ANTÍTESIS A LA TEORÍA DE INTERACCIONES DINÁMICAS. Era un galardón a quien propusiese, de forma razonada, que esta teoría es errónea. Conforme a la referida convocatoria, la propuesta de una ANTITESIS A LA TEORÍA DE INTERACCIONES DINÁMICAS, en formato informático, tenía que ser enviada antes del 2 de noviembre de 2019.
En esa fecha no había sido recibida propuesta alguna de ANTITESIS, por lo que la convocatoria fue considerada desierta:
https://club.tendencias21.net/mundo/HA-QUEDADO-DESIERTA-LA-CONVOCATORIA-AL-PREMIO-ANTITESIS-A-LA-TEORIA-DE-INTERACCIONES-DINAMICAS_a83.html
A pesar de ello, sigo intentando difundir esta propuesta de teoría física, publicando en este Blog nuevos artículos, noticias y reportajes, sobre la teoría, por ejemplo:
https://www.tendencias21.net/fisica/Nuevos-avances-en-dinamica-rotacional-I_a79.html
 
Recuerdo que en octubre de 2004 viste a Alvaro en sus oficinas de Sener, acompañado de su equipo de asesores, alguno de ellos catedrático en la materia, para presentarle la TID. La reunión se desarrolló en un clima de amabilidad, y de gran altura científica y tecnológica. Me llamó la atención que, entre las diversas reticencias planteadas, para Alvaro existía una cierta preocupación por el movimiento continuo, pues evidentemente, al analizar el movimiento de los planetas y de los cuerpos celestes, fácilmente se llegaba a esta conclusión, como resultado de la teoría.
Tras un interesante análisis de la teoría durante unos meses, la entidad consideró que, desde el punto de vista empresarial, sería muy difícil rentabilizar, a corto plazo, cualquier inversión para confirmar la teoría, por lo que las conversaciones científicas quedaron paralizadas y sin conclusión.
Quince años después, Alvaro Azcárraga ha tenido la amabilidad de realizar un texto con sus comentarios sobre la TID y las posibles causas de que la convocatoria al premio ANTITESIS A LA TEORÍA DE INTERACCIONES DINÁMICAS, haya quedado desierto:
Me pide mi amigo, y gran pensador, Gabriel Barceló, que le comente la TID, y sobre el fallido concurso para rebatirla. Le he puesto como condición previa que me deje exponer algo sobre lo que creo tener una educada opinión, para entrar luego en materia. Allá vamos:
En la década de los sesenta del siglo pasado, y con motivo de la (mal) llamada carrera espacial, se juntaron sesudas cabezas soviéticas y americanas para crear una ley sobre las actividades en el espacio, el Tratado del Espacio Exterior (OST por sus iniciales en inglés), para que ni el uno, ni el otro, adquirieran ventaja, tratado hoy en día en vigor y ratificado por casi todas las naciones del mundo. Lo curioso del caso es que la OST, como las famosas víctimas colaterales en las guerras, tiene un rosario de “perlas” de las cuales destaco tres:
Una, que el Espacio es provincia de la Humanidad, lo que hace que la presencia de “otros” sea hoy en día ilegal, y por eso pese a los miles de planetas extra solares ya encontrados, se mantiene que vida solo la hay en la Tierra, y menos mal que no se dice ”inteligente”, por que como dijo Einstein, vida inteligente no la hay ni en la Tierra.
Dos, se olvida por completo del elemento clave en la actividad humana, las personas, y por eso, todas las iniciativas no estatales, desde vehículos lanzadores a sondas espaciales privadas, están en un limbo de los justos
Y tres, y lo más curioso, es que prohíbe la presencia militar en el Espacio, cuando en la época que se redactó la OST, toda la actividad era militar, y esto trae como consecuencia que si el señor Perez tiene un invento que permite desviar rocas en el Espacio para que no choquen con la Tierra deberá ser detenido inmediatamente y puesto a disposición del Tribunal competente, porque lo mismo que puede evitar una catástrofe, la puede producir guiando al meteorito contra Central Park.
Con la TID puede ocurrir algo parecido a lo de la OST (y no olvidemos que este es un tratado en vigor), y es que nos salgan daños colaterales.
Que existen interacciones dinámicas debidas al cambio de momentos cinéticos y sus correspondientes aceleraciones angulares es un hecho, y que producen efectos a veces no del todo predecibles también, pero es que vivimos en un Universo complejo, formado por una estructura espacio-temporal abollada y a veces agujereada (sospechamos), por efectos gravitacionales. Se han inventado constantes que no eran tales, masas invisibles e indetectables, y varios elementos dignos de un bestiario del siglo XVI, para parchear nuestras teorías, y lo que falta por venir. Y para añadir salsa al guiso, puede haber bollos de todos los tamaños, desde años -luz de horizonte de Swarchtzild, hasta tan pequeños como lo permita el límite de Plank.
Por tanto, es bueno trabajar en la TID, y seguir utilizando lo que ya conocemos, y en esta línea ya estamos utilizando el tirón gravitacional para enviar sondas a los confines del sistema Solar, o darles velocidad suficiente para alcanzar a los cometas, pero tenemos que pensar que nada es gratis en términos energéticos, ni abandonar conceptos que a escala terrestre siguen siendo útiles. La geometría euclidiana todavía nos sirve, y las leyes de Newton tienen su rinconcito dentro de la Relatividad General. Quizás algo de esto explique porque el premio a la ANTITESIS haya quedado desierto.
Mi pregunta es: ¿a quien o a que le estamos robando(trasformando) la energía cuando interactuamos, y como soporta el tejido espacio-temporal actuaciones que implican altísimos niveles energéticos, ya sea por acreción o por el propio tamaño del evento?
Lo que sí puedo añadir de mi parte, es que es un lujo poder estar (mal)hablando de estos temas, en vez de las leyes de género, el derecho a decidir, o cualquier zarandaja parecida…
Un abrazo
Álvaro Azcárraga
 
Álvaro Azcárraga, es doctor ingeniero aeronáutico (1965) por la Universidad Complutense, hoy UPM, y máster en Ciencias Aeroespaciales (1964) por la Universidad de Princeton.
Director de los primeros lanzamientos de cohetes espaciales desde España (1966-1971) INTAET.
Desde 1971 responsable del desarrollo Aeroespacial de SENER, llegando a consejero en 1992.
.Miembro de la Academia Internacional de Astronáutica (Paris), desde 1983.
Consejero de Arianespace, 1986-1988.
Presidente de la Federación Internacional de Astronáutica (1990-1994)
Presidente de Galileo Sistemas y Servicios (2000-2003)
Presidente de Bóreas, empresa de ingeniería de estructuras aeronáuticas.
Medalla de oro de la Confederación de Asociaciones Aeronáuticas de Europa, como el ingeniero más relevante de 2004.
 

09/02/2020
09/02/2020 | Comentarios



Si empezamos a transitar lo que habita en nuestro insondable y universal interior, seremos capaces de gestionar nuestra realidad y la que proyectamos, de conocer y encarnar nuestra identidad, que nos permite ser únicos e irrepetibles y aportar al planeta esta riqueza creadora y complementaria.


Foto:  Tom Barrett
Foto: Tom Barrett
En un nuevo modelo bioidentitario de los territorios enmarcados como naciones digitales, deberemos de integrar como es natural y nunca mejor dicho, las diferentes expresiones de vida que conforman un todo, nunca anteponiendo o jerarquizando unas expresiones a otras con la manida visión antropocéntrica que nos caracteriza, o la percepción cerrada de la razón materialista, abriendo el campo de percepción de lo visible, pero también de lo no visible.
 
En todo sistema vivo, la interrelación de los diferentes elementos en un equilibrio que casi siempre desconocemos por perfecto y oculto, es lo que mantiene esa fina línea entre el orden y el caos o la vida y la muerte.

Juego sutil
 
En este juego sutil de la creación como seres conscientes tenemos el papel de guardianes y mediadores con capacidad de consciencializar ese todo y con capacidad de intervenir según el nivel de nuestro reconocimiento. Esto supone que somos corresponsables del devenir de estos sistemas complejos y su evolución.
 
El hombre/mujer desde el principio de la historia, ha utilizado su capacidad de observación para desentrañar los misterios de la naturaleza de la que es parte, muy a menudo como herramienta de supervivencia y búsqueda de los mejores recursos, pero también con el asombro del que reconoce el orden y la belleza y quiere profundizar en sus secretos, habiéndole sido revelados de múltiples formas, según su cultura, percepción, tiempo y territorio.
 
Los pueblos sabios son capaces de reconocer estos entramados sutiles que mantienen el orden de lo viviente y han sabido honrar y bendecir esas fuerzas no-visibles, pero esenciales.
 
Sin embargo, el hombre moderno ha sido arrancado de esta percepción sutil y sensibilidad hacia la vida de una forma atroz, rompiendo en mil pedazos sus capacidades y dividiendo su doble percepción, racional e intuitiva, castrando y acallando esta última a favor de lo racional, masculino y jerárquico como única representación de la realidad y construcción del mundo. De ahí surgen gran parte de las consecuencias que todos estamos pagando y especialmente la gran nave que nos acoge.
 
Es difícil escuchar el rumor de lo vivo cuando estamos siendo atravesados continuamente por frecuencias, materiales y objetos artificiales que perturban la escucha natural en el ser humano.
 
Las ciudades son entornos casi muertos alejados de la fluidez del latido vivo que todo ser emite en relación y en comunicación con todo lo demás. De esta forma, es complicado escuchar la identidad de los lugares por sus influencias telúricas, la expresión sutil del vegetal  o el clamor salvaje del mundo animal.
 
Hay que reconocer que las ciudades, y a veces cuanto más grandes parece que mejor, la riqueza de la expresión cultural y los avances científicos, también conforman y son producto de su identidad y esto permite actuar en consecuencia,  aportando nuestra capacidad de restablecer el orden y la belleza en los territorios cuando vibran con lo que son.
 
Volver a lo natural
 
La necesidad de volver a lo natural llegará a ser un clamor en el planeta, pues es el reflejo instintivo de ciertos organismos cuando están heridos, perdidos o enfermos, el de volver a los brazos de la madre tierra que consigue restablecer los equilibrios extraviados de sus vástagos,  después será el momento de aportar a la naturaleza nuestro amor y reconocimiento para hacerla brillar en su más alta realidad.
 
Esta es nuestra misión como cuerpo consciente del planeta, pero parece que hemos olvidado lo esencial; ¿qué hacemos aquí?, ¿para que servimos?, ¿a que pertenecemos? Las respuestas a estas y otras preguntas son las que el ser humano del siglo XXI deberá de reflexionar por su propia supervivencia y la del planeta que le acoge.
 
Las experiencia vital de la humanidad en su historia es el conocimiento inmaterial y espiritual del ser humano, siempre que esté basada en el respeto de toda creación y en su intercomunicación.
 
Esta sabiduría colectiva se puede y se debe actualizar en este presente, donde la ciencia y la tecnología nos abren a infinitas capacidades y aplicaciones.
 
Estos tiempos en los que hemos conquistado o por lo menos vamos consciencializado derechos universales para la vida, desgranando parte de las leyes que la rigen, quizás es la hora de integrar lo que fue dividido, razón e intuición, ciencia y espíritu, el momento de volver a ser intermediarios entre los mundos visibles manifestados y los mundos sutiles no-manifestados, de los que nunca hemos estado separados pero si mutilados en su escucha.
 
Volver a lo interior
 
Llega el momento de devolver la mirada hacia esa dimensión que es nuestro interior y reconocer quienes somos, abrir la escucha y percepción a la totalidad de nuestro ser y participar, ser cocreadores de algo mayor que nosotros mismos y que nos trascienda en el tiempo y el espacio. Si esto no lo hacemos por el sistema vivo Tierra-Luna que habitamos, ¿por quién lo haremos?.
 
La construcción de lo nuevo necesita posicionamientos más coherentes y lugares poco o nunca transitados, es el arrojo del creador que se desliza en un suelo inestable y desconocido.
 
No podemos reproducir el error de crear nuevos paradigmas y cambios importantes innovando en el exterior sin tocar o transformar nada en nuestro interior, que es justo el generador de la realidad y lugar de interpretación de esta. Padecemos una falla del ser humano y su terror a entrar en su profundidad y crear verdaderas transformaciones.
 
Si empezamos a transitar lo que habita en nuestro insondable y universal interior, seremos capaces de gestionar nuestra realidad y la que proyectamos, de conocer y encarnar nuestra identidad, que nos permite ser únicos e irrepetibles y aportar al planeta esta riqueza creadora y complementaria.
 
También seremos capaces de identificar nuestras potenciales y cualidades y ponerlas al servicio de la expresión de lo que somos, manteniendo una sutil comunicación con toda manifestación de vida desde dentro hacia afuera.
 
Esto nos dará la maestría sobre nosotros mismos y nos capacitará en el reconocimiento de lo que Es, convirtiéndonos en antenas de consciencia operativas y guardianes de la Vida.




Gabriel Barceló
05/10/2019

¿Sabemos realmente quien invento la rueda? Hasta ahora no se habían hecho propuestas concretas, y solo referencias a la antigüedad de las representaciones pictóricas de carros o ruedas. Hoy día, después de diferentes estudios genómicos, disponemos de nuevos criterios y podemos aportar novedosos indicios.


Define el Diccionario de la lengua española la rueda como: Pieza mecánica en forma de disco que gira alrededor de un eje. Esta definición es muy válida, tanto para el elemento de rodadura utilizado en el transporte terrestre, como para los mecanismos, como el torno de alfarero, que utilizan este elemento para transmitir energía. La rueda permite transmitir el movimiento lineal, en movimiento angular, y por tanto la energía de traslación en energía de rotación.

La invención del fuego y de la rueda son los paradigmas del inicio de la tecnificación de la humanidad, sin que hasta la fecha se haya podido identificar su verdadero origen. Es una máquina simple, pero fundamental en muchas aplicaciones tecnológicas, en especial en el transporte. Desde la invención de la rueda, la humanidad, y los ejércitos tenían una capacidad de desplazamiento limitado, que solo fue superada por la invención del ferrocarril.

A falta de testimonios fidedignos, la antigüedad de la invención de la rueda había sido deducida a partir de determinados indicios, como sus representaciones. Posiblemente la primera ilustración de un carro con ruedas aparece en la ciudad de Ur, en Sumeria, datándose en el año 3.500 antes de C.

De época aproximada es la representación de un carro con ruedas en La olla de Bronocice. Se trata de una cerámica grabada, y fechada por el método del carbono-14 entre el 3635 y 3370 a C. Esta representación se atribuye a la cultura de la cerámica cordada, y se exhibe en el Museo Arqueológico de Cracovia (Polonia).

A partir de aquí se encuentran referencias a la rueda o a los carros con ruedas en otras muchas civilizaciones, como los Hititas, el Antiguo Egipto, o la China En Egipto se desarrolla, hacia el año 1500 a C, una rueda de radios, protegidos por una llanta de madera, que permitían carros de guerra más ligeros y rápidos.

Los celtas incorporaron posteriormente también la llanta de hierro alrededor de la rueda del carro, pocos años después.
 
Estudios genómicos

Hasta aquí lo que los libros de historia nos dicen de la rueda, pero recientes estudios genómicos nos dan nuevos indicios sobre estos descubrimientos.

La cultura yamna se identifica por sus enterramientos en túmulos (Kurgán) y se data en la Edad del Cobre, o Era Calcolítica, e incluso a comienzos de la Edad del Bronce. Se supone situada en el sur de Rusia, en las estepas al norte del mar Negro y del mar Caspio, y entre ambos mares. También en los bosques templados del centro-norte de Europa y en la taiga rusa. Era una cultura predominantemente nómada, aunque practicaban algo la agricultura cerca de ríos y fortificaciones, podemos proponer que disponían de una economía agropecuaria, eran maestros en la domesticación del caballo, y posiblemente sus descendientes sean los actuales cosacos…

Los grupos de los kurganes, o yamnas, fueron asociados por Marija Gimbutas a la expansión por Europa de los idiomas indoeuropeos. Desarrollaron la metalurgia del cobre.

Precisamente los restos más antiguos encontrados en Europa de un carro con ruedas fueron hallados en el túmulo Storozhova Mohyla (Dnipropetrovsk, Ucrania), perteneciente a la cultura yamna. Cada túmulo puede contener varios enterramientos, por lo que pueden considerase mausoleos familiares.
 
Migraciones europeas.

Para muchos paleontólogos, la prehistoria europea fue el resultado de tres grandes desplazamientos de poblaciones.

1.- Cazadores, recolectores de África, hace 45.000 años.
2.- Agricultores y ganaderos desde Anatolia hace nueve mil años.
3.- Yamnas hace seis mil años.

Ya los periódicos adelantaron en octubre de 2018 que, según el genetista estadounidense David Reich, hace más de 5.000 años, grupos de pastores nómadas, con carros o a lomos de caballos, iniciaron la conquista de Europa, desde las estepas rusas. Eran precisamente los yamnas, que además de los caballos, disponían de una innovación tecnológica: carretas con ruedas que facilitaban la rápida ocupación de nuevas tierras.

Incluso llegaron a la península Ibérica, incorporando su genética en la población, según el referido investigador. En un reciente libro ha destacado los mensajes positivos que surgieron de su trabajo.

Entiende que gran parte de lo que creíamos del pasado es incorrecto, pues ha llegado a la conclusión de que, conforme a los análisis de ADN realizados, todos estamos mezclados, y que todos estamos conectados de innumerables formas nunca antes imaginadas.
(https://reich.hms.harvard.edu/sites/reich.hms.harvard.edu/files/inline-files/2019_Olalde_Science_IberiaTransect.pdf)

En el mes de agosto, la revista National Geographic incluye un artículo del investigador A. Curry, en el que se plantea esta pregunta: ¿Quiénes fueron los primeros europeos? y sugiere que: Hace unos 5.400 años, todo cambió. De punta a punta de Europa, los prósperos asentamientos neolíticos menguaron o incluso desaparecieron.

En Europa esto es una novedad. En cambio, no lo era 1.300 kilómetros más al este. En lo que hoy conocemos como las estepas de la Rusia meridional y la Ucrania oriental, un grupo de nómadas conocidos como los yamnayas, o yamnas, una de las primeras poblaciones del mundo que montaron a caballo, habían dominado la rueda y estaban construyendo carros para acompañar a los rebaños en sus desplazamientos por las praderas.

Sus propuestas se argumentan también en los estudios de Reich; Pero los análisis genéticos, apuntan Reich y otros expertos, muestran que muchos individuos de la cultura de la cerámica cordada eran en gran medida sus descendientes.
 
La temida peste

En estos supuestos, confirma el autor que habían sido los yamnas los pueblos antecesores, que se expandieron rápidamente por Europa, a lomos de sus caballos o de sus carros. Pero esa rápida invasión, parece que incluía un agente perturbador peligroso: En siete de las muestras, además de ADN humano, los genetistas han detectado el ADN de una forma primitiva de Yersinia pestis, el bacilo de la peste que en el siglo XVI mató a aproximadamente la mitad de la población europea.

“Las epidemias de peste allanaron el camino a la expansión yamnaya”, afirma Morten Allentoft, biólogo evolutivo del Museo de la Historia Natural de Dinamarca, que participó en la identificación del ADN de la peste ancestral.

Trajesen o no la peste, de lo que no cabe duda es de que los yamnayas introdujeron en la Europa de la Edad de Piedra el caballo doméstico y un estilo de vida nómada basado en el uso de carros. Es más, al llevar consigo innovadoras herramientas y armas metálicas, es posible que acelerasen la entrada de Europa en la Edad del Bronce.
 
Idioma Indoeuropeo

Este trascendente estudio genético aporta también otro vector interesante en la investigación: la rápida propagación del idioma indoeuropeo por Europa y Asía. Para el autor: Se cree que todas esas lenguas evolucionaron a partir de un solo idioma proto-indoeuropeo, y las cuestiones de dónde se hablaba y por quienes son objetos de debate desde el siglo XIX.

Los proto-indoeuropeos migraron a Europa desde la estepa rusa, y no al contrario.

Aparentemente el estudio genético de Reich nos da solución a la rápida extensión de las lenguas proto-índoeuropeas, y a la naturaleza de las poblaciones europeas en el final de la Edad del Cobre.
 
Posibles conclusiones

Esos estudios nos permiten afirmar también que esas poblaciones yamnaya o yamnas, que hablaban un proto-indoeuropeo, portadoras de la peste, invadieron Europa y se extendieron rápidamente por Asía a lomos de sus caballos y montados en sus carros, lo que ninguna otra sociedad anterior aparentemente había hecho, y a una velocidad de desplazamiento que no fue superada hasta la invención del ferrocarril en el siglo XIX.

¿Estas posibles deducciones de los estudios de Reich nos permiten proponer que los yanmas fueron los inventores de la rueda y del carro? Es muy posible, aunque todavía no disponemos de una información suficiente y de datación exacta.

Lo que sí parece ser cierto es que los yamnas fueron los primeros pueblos en invadir Europa y Asia a lomos de caballos y montados en carros.
 

05/10/2019
05/10/2019 | Comentarios



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Nos anticipamos al futuro
Eduardo Martínez de la Fe
Este Blog ha sido creado por el Club Nuevo Mundo para recoger las iniciativas, reflexiones, experiencias y propuestas que sus miembros y socios quieran hacer llegar a la sociedad. Está estructurado en torno a 4 ejes temáticos: artículos, pensamientos, propuestas y noticias. A través de ellos, cualquier persona puede conocer lo que se está cocinando en el seno del Club Nuevo Mundo y comentar las diversas aportaciones.

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