NUEVO MUNDO


Consideramos de interés conocer la opinión sobre la TID, de expertos en astronáutica y ciencias aeroespaciales. Hoy incorporamos aquí los comentarios del Dr. ingeniero aeronáutico, y máster en Ciencias Aeroespaciales por la Universidad de Princeton, Dr. Alvaro Azcárraga.


Como es sabido, en su momento, el Club Nuevo Mundo y Dinámica Fundación convocaron un concurso de talento en Física; el premio ANTÍTESIS A LA TEORÍA DE INTERACCIONES DINÁMICAS. Era un galardón a quien propusiese, de forma razonada, que esta teoría es errónea. Conforme a la referida convocatoria, la propuesta de una ANTITESIS A LA TEORÍA DE INTERACCIONES DINÁMICAS, en formato informático, tenía que ser enviada antes del 2 de noviembre de 2019.
En esa fecha no había sido recibida propuesta alguna de ANTITESIS, por lo que la convocatoria fue considerada desierta:
https://club.tendencias21.net/mundo/HA-QUEDADO-DESIERTA-LA-CONVOCATORIA-AL-PREMIO-ANTITESIS-A-LA-TEORIA-DE-INTERACCIONES-DINAMICAS_a83.html
A pesar de ello, sigo intentando difundir esta propuesta de teoría física, publicando en este Blog nuevos artículos, noticias y reportajes, sobre la teoría, por ejemplo:
https://www.tendencias21.net/fisica/Nuevos-avances-en-dinamica-rotacional-I_a79.html
 
Recuerdo que en octubre de 2004 viste a Alvaro en sus oficinas de Sener, acompañado de su equipo de asesores, alguno de ellos catedrático en la materia, para presentarle la TID. La reunión se desarrolló en un clima de amabilidad, y de gran altura científica y tecnológica. Me llamó la atención que, entre las diversas reticencias planteadas, para Alvaro existía una cierta preocupación por el movimiento continuo, pues evidentemente, al analizar el movimiento de los planetas y de los cuerpos celestes, fácilmente se llegaba a esta conclusión, como resultado de la teoría.
Tras un interesante análisis de la teoría durante unos meses, la entidad consideró que, desde el punto de vista empresarial, sería muy difícil rentabilizar, a corto plazo, cualquier inversión para confirmar la teoría, por lo que las conversaciones científicas quedaron paralizadas y sin conclusión.
Quince años después, Alvaro Azcárraga ha tenido la amabilidad de realizar un texto con sus comentarios sobre la TID y las posibles causas de que la convocatoria al premio ANTITESIS A LA TEORÍA DE INTERACCIONES DINÁMICAS, haya quedado desierto:
Me pide mi amigo, y gran pensador, Gabriel Barceló, que le comente la TID, y sobre el fallido concurso para rebatirla. Le he puesto como condición previa que me deje exponer algo sobre lo que creo tener una educada opinión, para entrar luego en materia. Allá vamos:
En la década de los sesenta del siglo pasado, y con motivo de la (mal) llamada carrera espacial, se juntaron sesudas cabezas soviéticas y americanas para crear una ley sobre las actividades en el espacio, el Tratado del Espacio Exterior (OST por sus iniciales en inglés), para que ni el uno, ni el otro, adquirieran ventaja, tratado hoy en día en vigor y ratificado por casi todas las naciones del mundo. Lo curioso del caso es que la OST, como las famosas víctimas colaterales en las guerras, tiene un rosario de “perlas” de las cuales destaco tres:
Una, que el Espacio es provincia de la Humanidad, lo que hace que la presencia de “otros” sea hoy en día ilegal, y por eso pese a los miles de planetas extra solares ya encontrados, se mantiene que vida solo la hay en la Tierra, y menos mal que no se dice ”inteligente”, por que como dijo Einstein, vida inteligente no la hay ni en la Tierra.
Dos, se olvida por completo del elemento clave en la actividad humana, las personas, y por eso, todas las iniciativas no estatales, desde vehículos lanzadores a sondas espaciales privadas, están en un limbo de los justos
Y tres, y lo más curioso, es que prohíbe la presencia militar en el Espacio, cuando en la época que se redactó la OST, toda la actividad era militar, y esto trae como consecuencia que si el señor Perez tiene un invento que permite desviar rocas en el Espacio para que no choquen con la Tierra deberá ser detenido inmediatamente y puesto a disposición del Tribunal competente, porque lo mismo que puede evitar una catástrofe, la puede producir guiando al meteorito contra Central Park.
Con la TID puede ocurrir algo parecido a lo de la OST (y no olvidemos que este es un tratado en vigor), y es que nos salgan daños colaterales.
Que existen interacciones dinámicas debidas al cambio de momentos cinéticos y sus correspondientes aceleraciones angulares es un hecho, y que producen efectos a veces no del todo predecibles también, pero es que vivimos en un Universo complejo, formado por una estructura espacio-temporal abollada y a veces agujereada (sospechamos), por efectos gravitacionales. Se han inventado constantes que no eran tales, masas invisibles e indetectables, y varios elementos dignos de un bestiario del siglo XVI, para parchear nuestras teorías, y lo que falta por venir. Y para añadir salsa al guiso, puede haber bollos de todos los tamaños, desde años -luz de horizonte de Swarchtzild, hasta tan pequeños como lo permita el límite de Plank.
Por tanto, es bueno trabajar en la TID, y seguir utilizando lo que ya conocemos, y en esta línea ya estamos utilizando el tirón gravitacional para enviar sondas a los confines del sistema Solar, o darles velocidad suficiente para alcanzar a los cometas, pero tenemos que pensar que nada es gratis en términos energéticos, ni abandonar conceptos que a escala terrestre siguen siendo útiles. La geometría euclidiana todavía nos sirve, y las leyes de Newton tienen su rinconcito dentro de la Relatividad General. Quizás algo de esto explique porque el premio a la ANTITESIS haya quedado desierto.
Mi pregunta es: ¿a quien o a que le estamos robando(trasformando) la energía cuando interactuamos, y como soporta el tejido espacio-temporal actuaciones que implican altísimos niveles energéticos, ya sea por acreción o por el propio tamaño del evento?
Lo que sí puedo añadir de mi parte, es que es un lujo poder estar (mal)hablando de estos temas, en vez de las leyes de género, el derecho a decidir, o cualquier zarandaja parecida…
Un abrazo
Álvaro Azcárraga
 
Álvaro Azcárraga, es doctor ingeniero aeronáutico (1965) por la Universidad Complutense, hoy UPM, y máster en Ciencias Aeroespaciales (1964) por la Universidad de Princeton.
Director de los primeros lanzamientos de cohetes espaciales desde España (1966-1971) INTAET.
Desde 1971 responsable del desarrollo Aeroespacial de SENER, llegando a consejero en 1992.
.Miembro de la Academia Internacional de Astronáutica (Paris), desde 1983.
Consejero de Arianespace, 1986-1988.
Presidente de la Federación Internacional de Astronáutica (1990-1994)
Presidente de Galileo Sistemas y Servicios (2000-2003)
Presidente de Bóreas, empresa de ingeniería de estructuras aeronáuticas.
Medalla de oro de la Confederación de Asociaciones Aeronáuticas de Europa, como el ingeniero más relevante de 2004.
 

09/02/2020
09/02/2020 | Comentarios



Si empezamos a transitar lo que habita en nuestro insondable y universal interior, seremos capaces de gestionar nuestra realidad y la que proyectamos, de conocer y encarnar nuestra identidad, que nos permite ser únicos e irrepetibles y aportar al planeta esta riqueza creadora y complementaria.


Foto:  Tom Barrett
Foto: Tom Barrett
En un nuevo modelo bioidentitario de los territorios enmarcados como naciones digitales, deberemos de integrar como es natural y nunca mejor dicho, las diferentes expresiones de vida que conforman un todo, nunca anteponiendo o jerarquizando unas expresiones a otras con la manida visión antropocéntrica que nos caracteriza, o la percepción cerrada de la razón materialista, abriendo el campo de percepción de lo visible, pero también de lo no visible.
 
En todo sistema vivo, la interrelación de los diferentes elementos en un equilibrio que casi siempre desconocemos por perfecto y oculto, es lo que mantiene esa fina línea entre el orden y el caos o la vida y la muerte.

Juego sutil
 
En este juego sutil de la creación como seres conscientes tenemos el papel de guardianes y mediadores con capacidad de consciencializar ese todo y con capacidad de intervenir según el nivel de nuestro reconocimiento. Esto supone que somos corresponsables del devenir de estos sistemas complejos y su evolución.
 
El hombre/mujer desde el principio de la historia, ha utilizado su capacidad de observación para desentrañar los misterios de la naturaleza de la que es parte, muy a menudo como herramienta de supervivencia y búsqueda de los mejores recursos, pero también con el asombro del que reconoce el orden y la belleza y quiere profundizar en sus secretos, habiéndole sido revelados de múltiples formas, según su cultura, percepción, tiempo y territorio.
 
Los pueblos sabios son capaces de reconocer estos entramados sutiles que mantienen el orden de lo viviente y han sabido honrar y bendecir esas fuerzas no-visibles, pero esenciales.
 
Sin embargo, el hombre moderno ha sido arrancado de esta percepción sutil y sensibilidad hacia la vida de una forma atroz, rompiendo en mil pedazos sus capacidades y dividiendo su doble percepción, racional e intuitiva, castrando y acallando esta última a favor de lo racional, masculino y jerárquico como única representación de la realidad y construcción del mundo. De ahí surgen gran parte de las consecuencias que todos estamos pagando y especialmente la gran nave que nos acoge.
 
Es difícil escuchar el rumor de lo vivo cuando estamos siendo atravesados continuamente por frecuencias, materiales y objetos artificiales que perturban la escucha natural en el ser humano.
 
Las ciudades son entornos casi muertos alejados de la fluidez del latido vivo que todo ser emite en relación y en comunicación con todo lo demás. De esta forma, es complicado escuchar la identidad de los lugares por sus influencias telúricas, la expresión sutil del vegetal  o el clamor salvaje del mundo animal.
 
Hay que reconocer que las ciudades, y a veces cuanto más grandes parece que mejor, la riqueza de la expresión cultural y los avances científicos, también conforman y son producto de su identidad y esto permite actuar en consecuencia,  aportando nuestra capacidad de restablecer el orden y la belleza en los territorios cuando vibran con lo que son.
 
Volver a lo natural
 
La necesidad de volver a lo natural llegará a ser un clamor en el planeta, pues es el reflejo instintivo de ciertos organismos cuando están heridos, perdidos o enfermos, el de volver a los brazos de la madre tierra que consigue restablecer los equilibrios extraviados de sus vástagos,  después será el momento de aportar a la naturaleza nuestro amor y reconocimiento para hacerla brillar en su más alta realidad.
 
Esta es nuestra misión como cuerpo consciente del planeta, pero parece que hemos olvidado lo esencial; ¿qué hacemos aquí?, ¿para que servimos?, ¿a que pertenecemos? Las respuestas a estas y otras preguntas son las que el ser humano del siglo XXI deberá de reflexionar por su propia supervivencia y la del planeta que le acoge.
 
Las experiencia vital de la humanidad en su historia es el conocimiento inmaterial y espiritual del ser humano, siempre que esté basada en el respeto de toda creación y en su intercomunicación.
 
Esta sabiduría colectiva se puede y se debe actualizar en este presente, donde la ciencia y la tecnología nos abren a infinitas capacidades y aplicaciones.
 
Estos tiempos en los que hemos conquistado o por lo menos vamos consciencializado derechos universales para la vida, desgranando parte de las leyes que la rigen, quizás es la hora de integrar lo que fue dividido, razón e intuición, ciencia y espíritu, el momento de volver a ser intermediarios entre los mundos visibles manifestados y los mundos sutiles no-manifestados, de los que nunca hemos estado separados pero si mutilados en su escucha.
 
Volver a lo interior
 
Llega el momento de devolver la mirada hacia esa dimensión que es nuestro interior y reconocer quienes somos, abrir la escucha y percepción a la totalidad de nuestro ser y participar, ser cocreadores de algo mayor que nosotros mismos y que nos trascienda en el tiempo y el espacio. Si esto no lo hacemos por el sistema vivo Tierra-Luna que habitamos, ¿por quién lo haremos?.
 
La construcción de lo nuevo necesita posicionamientos más coherentes y lugares poco o nunca transitados, es el arrojo del creador que se desliza en un suelo inestable y desconocido.
 
No podemos reproducir el error de crear nuevos paradigmas y cambios importantes innovando en el exterior sin tocar o transformar nada en nuestro interior, que es justo el generador de la realidad y lugar de interpretación de esta. Padecemos una falla del ser humano y su terror a entrar en su profundidad y crear verdaderas transformaciones.
 
Si empezamos a transitar lo que habita en nuestro insondable y universal interior, seremos capaces de gestionar nuestra realidad y la que proyectamos, de conocer y encarnar nuestra identidad, que nos permite ser únicos e irrepetibles y aportar al planeta esta riqueza creadora y complementaria.
 
También seremos capaces de identificar nuestras potenciales y cualidades y ponerlas al servicio de la expresión de lo que somos, manteniendo una sutil comunicación con toda manifestación de vida desde dentro hacia afuera.
 
Esto nos dará la maestría sobre nosotros mismos y nos capacitará en el reconocimiento de lo que Es, convirtiéndonos en antenas de consciencia operativas y guardianes de la Vida.

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Nos anticipamos al futuro
Eduardo Martínez de la Fe
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