NUEVO MUNDO





Edita Olaizola
14/04/2020

Estamos en las postrimerías del gran partido global disputado entre el Dinero y la Naturaleza. Hasta el momento gana el Dinero. ¿Nos dará tiempo a invertir el resultado antes de que se señale el fin de la contienda?


Finanzas 1 / Natura 0
A nadie se le escapa que la gran crisis del coronavirus tiene relación con la emergencia cilimática.  Incluso los científicos nos advierten que, a menor biodiversidad, mayor peligro de pandemias como la que sufrimos.

Pero la visión antropocéntrica que domina nuestra sociedad nos está llevando al límite.   Hemos admitido como algo natural que unas pocas empresas multinacionales gobiernen el mercado global y por ende los niveles de autonomía y bienestar de las poblaciones de todos los países.  ¿Podrían ser los ODS una vía de solución? ¿Estamos a tiempo de reconducir el modelo de interrelaciones y los valores que las sustentan? 

Para seguir leyendo:  Es que no aprendemos


 

Vamos a seguir analizando posibles estrategias para cuando sea posible reactivar la economía, tras los envites de la pandemia del coronavirus, y la urgente protección de la salud de los ciudadanos.
Tenemos que intentar que el coste de las medidas económicas, consecuencia del estado de alarma, no recaiga en los trabajadores, tampoco en las empresas, y peor aún, en los pequeño empresarios. Pero tampoco podemos olvidar que, ante la falta de recursos y el déficit previsto, las inversiones necesarias se realizarán con cargo a la deuda pública, y por tanto, comprometiendo el futuro de la economía.


Debe ser evitada la «quiebra inmediata» de los negocios y, en consecuencia, proteger los puestos de trabajo. Tenemos que reinventar muchas funciones y revisar objetivos. Pero también, intentar obtener de nuestros actuales recursos, una mejor eficiencia para la reactivación del país.
 
 
Globalización
La pandemia nos ha sorprendido cuando nos encontrábamos en una constante estrategia de globalización. Pero parece que muchos factores están cambiando, por lo que sería conveniente analizar ese criterio, ante una posible confrontación de bloques, en una nueva guerra fría, entre China y EEUU.
De momento, y para eludir contagios, se ha producido un inédito cierre de fronteras a las personas. ¿Debemos plantearnos si debemos continuar en esa política de la globalización, o debemos refugiarnos en la autarquía?
Es preferentemente una cuestión económica, pero es necesario tener en cuenta nuestra elevada dependencia del turismo y del sector servicios, por lo que tras esta crisis, seguramente tengamos que revisar el modelo productivo.
La palabra autarquía, posiblemente no sea políticamente correcta, y para muchos recuerda épocas que parecían superadas. También podríamos pensar que no sea adecuado plantear ese dilema, pero en cualquier caso, es necesario revisar los criterios que hubo para adoptar decisiones de deslocalización de actividades productivas fuera de España, e intentar recuperar muchos de esos puestos de trabajo perdidos, que hemos dejada irse.
 
 
Estrategias económicas
Tras la pandemia, entendemos que disfrutaran de ventaja económica los países que hayan adoptado las nuevas tecnologías. Por ejemplo, los que apliquen procedimientos digitales, no solo en los medios de información, sino también en la prestación de servicios y en la actividad empresarial.
Nuestra administración tributaria es una referencia muy positiva en servicios digitalizados, aunque es posible todavía mejorar su efectividad. El teletrabajo, prácticamente desconocido hasta hace unos meses, ha irrumpido con fuerza y con un coste mínimo en muchas empresas, y está ya aquí para quedarse.
En otros supuestos, deberá ser mejorada la implantación de las nuevas tecnologías, como es el caso de la sanidad española, acreedora del agradecimiento de los ciudadanos, pero con insuficiencias claras en la tele-asistencia. Esa es una asignatura pendiente de desarrollo.
Muchas industrias y negocios tendrán que evolucionar, actuando con más flexibilidad, como ya ha sido iniciado en la edición de libros, pues ahora muchas empresas editan bajo pedido, para no tener que tener almacenes y perdidas por falta de actualidad de sus catálogos.
Prevalecerá la industria distribuida en redes nodales, en vez de la centralizada, como es el caso de Inditex, con su red de fábricas por el mundo, centralizando solo la creatividad y la gestión administrativa del grupo.
 
 
Una nueva universidad
Disponemos de sectores basados en el conocimiento, para los que es necesario acelerar su intervención en este análisis de reactivación, por ejemplo, exigiendo participación y rentabilidad económica a las universidades. No podemos seguir permitiendo que los centros de investigación y las universidades sigan siendo sumideros de inversiones, con rentabilidad improbable. Son centros de conocimiento, con numerosos agentes capacitados, que disponen ya de discernimiento y habituados al método científico, por lo que fácilmente podrían y deberían aportar creatividad a la nueva economía española.
La universidad debería recrearse, y compartir la tradicional enseñanza y formación de los alumnos, con la mejora en la aportación de innovación e inventiva, de nuevas opciones tecnológicas y culturales a la sociedad, a las administraciones públicas y al sector empresarial.
Necesitamos que contribuya con una investigación práctica y aplicable en nuestras empresas, que participe con su pensamiento original o divergente. También imaginación constructiva, pues tiene capacidad de crear, de generar nuevas ideas o nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que nos permitan alcanzar conclusiones originales, que resuelvan problemas planteados en la nueva economía y produzcan soluciones inéditas y valiosas para las empresas.
Por ejemplo, realizando el análisis minucioso de otras amenazas globales existentes, o de la continuidad de la actual. Incluso contemplando otras epidemias ajenas a nuestro entorno, estudiado las estrategias habidas y las posibles, contabilizando los recursos propios disponibles, determinando el inventario de necesidades para hacer frente a esas amenazas, y planteado respuestas conforme al método científico. También concibiendo sistemas de inteligencia y seguridad, para poder prevenir estas amenazas y de esta forma, conseguir estar mejor preparados en el futuro.
También, con la realización de estudios de modelos y procedimientos analógicos y presenciales, que se estén utilizando, para analizar su posible reconversión. Incluso, determinando procedimientos para mejorar la actividad económica, conseguir más flexibilidad, y la mejor implantación de las tecnologías digitales, y de teletrabajo, en donde todavía no estén en uso. Intentando introducir en los procesos y en los métodos, una mejora de las formas de organización laboral, más capaces de confiar en la responsabilidad individual de los trabajadores. Proponiendo soluciones para la adaptación a estos tiempos de los recursos humanos, y especialmente formando a los desempleados, ante los nuevos requerimientos de la economía productiva.
Y en general, la potenciación de actividades económicas intensivas en conocimiento.
Por supuesto también, y a corto plazo, buscando soluciones contra la pandemia, como medicamentos y vacunas, evitando que la elusión sea nuestra única defensa biológica.
Las universidades y los centros de investigación son más necesarios que nunca, la sociedad necesita la contribución de estos centros del conocimiento. Pero tienen que cambiar su mentalidad, para participar positivamente en la reactivación del tejido empresarial, y en esa nueva economía que debemos aflorar.
Es un proyecto colectivo de cambio, que implicará una transformación profunda de nuestro ordenamiento económico y de nuestra cultura, de nuestras costumbres y mentalidades. Se trata de que las universidades y los centros de investigación ayuden a adaptarnos a estos nuevos tiempos.
 
 
Estrategia Yellowstone
Para  terminar, vamos a referirnos a un tema de actualidad, que también es una triste realidad: Las medidas que inicialmente Boris Johnson anunció contra la pandemia, recordaban la estrategia que en los Estados Unidos se había aplicado en los años ochenta, para supuestamente luchar y controlar los incendios, la Estrategia Yellowstone
Yellowstone es uno de los parques naturales más importantes de los Estados Unidos. El incendio que sufrió en 1988 quemó el 36% del parque, 321.000 hectáreas, provocando pérdidas que actualmente ascenderían a 250 millones de dólares. Por lo que, en opinión de muchos, la estrategia de no actuar, fue una desastrosa opción, cuyos resultados, durante muchos años quedaron patentes. Como el incendio se había iniciado por un rayo, se proponía que la misma naturaleza resolviese el drama generado, y por tanto, el ser humano, con su tecnología y sus medios no debería intervenir.
Esta estrategia era una clara manifestación de la ideología francesa del: Laissez faire, laissez passer (Dejar hacer, dejar pasar), a otra escala. Este era el lema de una corriente fisiócrata, del siglo XVIII, que atribuía exclusivamente la riqueza a la naturaleza, en particular a la tierra. La frase encierra un concepto de fuerte posicionamiento político- económico, pues apunta a defender la libertad de mercado, de empleo y de producción, relegando al Estado a una mínima intervención en la economía.
Es una osada estrategia, por la cual el político asume una postura práctica, se abstiene, a partir de la cual hay que ser tolerante y no preocuparse demasiado por el curso de las cosas. De esa forma se intentaba, supuestamente, eludir el problema a la manera del avestruz, y no tener que aportar recursos, ya escasos, para resolver un molesto inconveniente.
Esta estrategia, aplicada a nuestra situación actual, permite el contagio, para que supuestamente la población desarrolle defensas naturales, lo que teóricamente nos permitiría proteger exclusivamente al grupo de riesgo. El gobierno inglés sugería aislamiento voluntario, pero no exigía interrumpir la vida, las escuelas, ni los negocios.
Suponía que se crearía una inmunidad colectiva, de manera que la población pudiera adquirir resistencia suficiente para afrontar la pandemia de forma más lenta y paulatina. De esta forma, si el 95% de la población adquiere anticuerpos para frenar una pandemia, el 5% de la población restante, que estuviese en situación de riesgo, sería fácil de controlar y curar. Es la estrategia que deriva de la vacunación masiva, cuando un 5% de la población no se somete a este imperativo.
Incluso inicialmente, Estados Unidos gestionaba la crisis de salud con una táctica análoga.
Pero esa estrategia está resultando ser rematadamente nefasta, ha sido un rotundo fracaso, con el propio jefe de gobierno inglés saliendo de la UCI. Esperemos que se reponga.
Pero es más, si supuestamente imperaba el interés económico sobre la salud de la población, el resultado será posiblemente el contrario: la necesidad de más recursos, por no tomar las debidas decisiones a tiempo, pero también posibles demandas y reclamaciones económicas de los afectados, por responsabilidad por omisión, o incluso por prevaricación y negligencia.
Mientras no se disponga de una vacuna, nuestra única defensa contra el contagio es la elusión, evitar el contacto con el posible foco de infección, y esta es la estrategia recomendada por la mayoría de los científicos, y por la OMS.
 
 

12/04/2020
12/04/2020 | Comentarios






Alicia Montesdeoca Rivero
06/04/2020

pixabay.com
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El mundo seguro, cierto, permanente, previsible, conocido… se derrumba; los cascotes se están diseminando en todas las  direcciones. Ahora toca crear el día a día, el momento a momento, y el retomar los aprendizajes y las experiencias para establecer las primeras posiciones desde las que hemos de mirar, de valorar, de reconocer, el cómo y de qué manera hemos de iniciar el trazado de los nuevos senderos para la supervivencia de las especies, y de la humanidad entre ellas. Para ello es necesario, antes que nada, reconocer dónde estamos, qué nos trajo hasta aquí y qué sentido tiene el vivir en las presentes condiciones.
 
Cuando se muere un padre, y de eso sé yo algo, cuando desaparece el sistema de referencias, el caos se adueña de las relaciones “familiares”, aquellas impuestas por un determinado orden y con el que se construía una determinada rutina, -siempre la misma-, que nos daba el sentido de seguridad. Una seguridad basada en previsiones a corto y a largo plazo, respaldadas por una figura que nos parecía eterna. Todo con la aquiescencia de unas creencias infantiles sobre un sistema de relaciones, garantizado por los patrones en los que habíamos nacido. Desaparece o se destruye esa figura y todo, todo, pierde su sentido.
 
Pero resulta que no, está la Madre, la vida que ella engendra, nutre, cuida, y protege. Y, durante un tiempo de duelo en el que las relaciones se ajustan a las nuevas circunstancias, comienzan a desarrollarse las capacidades dormidas de cada uno de los integrantes de aquella “unidad familiar”, de aquel núcleo humano, de aquella humanidad. Cada uno de sus integrantes se recolocan en un nuevo universo de relaciones, descubriéndose  cada quien a sí mismo, con sus características, sus dones y  sus posibilidades de actuación en el nuevo espacio configurado tras la “catástrofe”. Se deja atrás la infancia dependiente y  se redescubre que la Vida,  desde la que procede, sigue nutriéndole y protegiéndole, si se aceptan y se respetan sus leyes y sus condiciones para seguir generando más vida.
 
Nueva andadura

Aquí nos encontramos hoy,  y a partir de aquí se comienza una nueva andadura. Un ciclo nuevo se inicia y para que dé sus propios frutos hemos de aceptar la muerte de lo viejo, sin despreciar su herencia, una herencia cargada de errores y de dolor, pero también de bellezas y de aprendizajes. Una herencia que nos sirve de atalaya para contemplar el lejano horizonte de un nuevo amanecer humano.
 
Con Amor, desbrocemos pues la tierra para que el aliento de nuestro espíritu la prepare para las nuevas cosechas; recopilemos todas las semillas que han producido los frutos humanos. Con ellas las nuevas generaciones han de hacer florecer las nuevas obras  que han de surgir en los nuevos campos, con las aportaciones que emanen de sus espíritus y que sus manos, en un futuro no previsto, materializarán.
 

Con el fin de concebir soluciones para después de la actual contingencia de salud, y cuando esta haya sido superada, vamos a seguir analizando posibles estrategias para reactivar la economía. Tras la pandemia del coronavirus, debería ser evitado que el coste de las medidas económicas adoptadas, recaiga en los trabajadores y en las empresas, y peor aún, en los pequeños empresarios autónomos. Pero también debemos evitar que puedan adoptarse medidas, con el aparente deseo de amortiguar los efectos económicos y sociales de la actual emergencia, pero que resulten perjudiciales para la actividad económica de nuestro país.
Por razones de justicia y paz social deben arbitrase también medidas económicas de protección social a los más castigados por esta crisis, y a los más vulnerables económicamente; por ejemplo, el llamado Ingreso Mínimo Vital. Otras, como la imposibilidad de cortar el suministro de servicios básicos, ya han sido decretadas.


Estamos en alarma sanitaria, pero la actividad económica se encuentra también en situación de alerta, temerosa de que la lucha contra el coronavirus acabe llevándose a las pequeñas empresas y autónomos y con ellas, a más de tres millones de puestos de trabajo. Por ello, adema de las medidas para la protección social de los ciudadanos, es necesario medidas para la reactivación económica, y especialmente, del tejido económico que sustenta los ingresos de la mayoría de españoles.
La situación económica de esos empresarios no era, ya antes de esta crisis optimista. Según datos de Hacienda  de 2017, últimos conocidos, de los 1,3 millones de empresas que presentaron resultados económicos en ese ejercicio, 542.556 tuvieron un resultado contable negativo. Por tanto, estaban en pérdidas el 41,5% del total. Con estos antecedentes es muy difícil enderezar la crisis económica resultante
 
La solidaridad europea
Es nuestro objetivo la reactivación del tejido productivo de la nación, y la mejora de su eficiencia en la creación de puestos de trabajo tras la pandemia, y para ello, es necesario aplicar todos los recursos posibles.
En ese sentido, deberán tenerse en cuenta las iniciativas de La Comisión Europea (CE), cuya estrategia, al menos de momento, no es solidaria; pues no permite la consolidación de la deuda pública con eurobonos, y solo admiten aplicar los fondos presupuestarios existentes.
En este ámbito encontramos por ejemplo, la propuesta del proyecto SURE para proporcionar subsidios públicos respaldados por el conjunto de la Unión Europea, para ayudar al mantenimiento del empleo, a través de sistemas como los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).
Para este fin, Bruselas acudirá a los mercados internacionales para captar 100.000 millones de euros que ayuden a paliar el impacto económico de la pandemia de Covid-19 en países como Italia y España. De esta forma, el SURE ofrecerá préstamos con garantía a las economías que se enfrentan a un “repentino y severo” aumento del gasto en sus planes de reducción de jornada.
También Bruselas plantea que los países pongan en marcha sistemas de tele-trabajo en las empresas, a los que se les otorgaran subsidios públicos, que les permitan mantener empleados a sus trabajadores, y seguir pagándoles el salario, aunque su actividad se haya reducido por la pandemia.
Es necesario advertir que la Comunidad Europea no está diseñando nuevas estrategias o proyectos innovadores para la reactivación de la economía de los estados miembros, sino que se limita a acordar aportar fondos presupuestarios comunitarios, a las estrategias y diseños de los paises, como es el caso de los ERTE españoles. Por tanto, cada nación debe aguzar su ingenio, y concebir estrategias creativas e innovadoras, para que luego sean apoyadas por los presupuestos europeos.
En el ámbito sectorial, la CE mantiene una preocupación específica con el sector agrario. Para seguir apoyando a este sector esencial, la Comisión Europea ha ampliado hasta el 15 de junio de 2020 el plazo para las solicitudes de ayuda en el marco de la política agrícola común, concediendo así mayor flexibilidad a los agricultores.
De acuerdo con el Marco Temporal aplicable a las ayudas estatales, recientemente adoptado, los agricultores pueden obtener una ayuda máxima de 100.000 euros por explotación agrícola, y las empresas de transformación y comercialización de alimentos pueden recibir un máximo de 800.000 euros. En algunos casos, estas ayudas pueden completarse con hasta 25.000 euros más. Esto significa que la ayuda nacional total que puede concederse por explotación asciende a 120.000 euros (o 125.000 euros) en virtud del Marco Temporal.
Para el sector pesquero y la acuicultura, afectado por una drástica reducción de la demanda, la Comisión ha tomado medidas urgentes para paliar esta situación, pudiendo recibir ayudas en virtud del nuevo Marco Temporal aplicable a las ayudas estatales, de la Iniciativa de Inversión en Respuesta al Coronavirus y del Fondo Europeo Marítimo y de Pesca.
El 24 de marzo de 2020, la Comisión aprobó y adoptó dos sistemas de garantía españoles, sobre nuevos préstamos y operaciones de refinanciación, a los que podrán acogerse las empresas y los trabajadores por cuenta propia afectados por el brote de coronavirus.
Además, deberán tenerse en cuenta las acciones e iniciativas que puedan realizar otras instituciones, como el Banco Central Europeo y el Banco Europeo de Inversiones.
 
Planificación española
Por tanto, además de esa posible ayuda europea, tenemos necesariamente que concebir soluciones propias que eviten el despilfarro económico habido, alienten a los empresarios a crear puestos de trabajo, o al menos, a mantenerlos, y nos permita diseñar nuevos sistemas y procedimientos, acordes con las actuales tecnologías disponibles.
Debería ser estudiada la posibilidad de reducir las obligaciones formales de los administrados, y en concreto, toda la burocracia actualmente necesaria en la gestión de los pequeños negocios, trasladando esas obligaciones a la administración, excepto en el caso de las grandes empresas. También la creación automática de un crédito fiscal para los autónomos, en el momento que se den de alta en el IAE, aplicable también a sus cuotas ante la SS.
Debería realizarse un profundo estudio, con la colaboración de la sociedad civil, para reaccionar contra esta guerra virtual, por ejemplo, con una sustancial modificación conceptual de los censos de población, y del ordenamiento laboral y del desempleo, fomentando la creación de puestos de trabajo, y la actividad laboral de todos los que se encuentren en condiciones de aportar su trabajo. Se trata de superar la dramática crisis económica que se ha iniciado, creando ilusión en los ciudadanos, y evitando soluciones totalitarias y confiscatorias, que solo generen pobreza.
 
Lecciones del pasado
La Comisión Europea ha propuesto simultáneamente, una relajación temporal del Pacto de Estabilidad, animando a los estados a gastar tanto como sea necesario, para hacer frente a la expansión del virus y a sus efectos económicos. Sin que eso compute para el cálculo de déficit estructural. No obstante, es necesario recodar que esto no puede animar al despilfarro, pues todo el déficit generado realmente, será una carga para nuestros sucesores, al convertirse en deuda pública del estado.
La lección de pasadas crisis es que es necesario evitar que perdure el parón de la actividad. Puede hacerse mediante liquidez a las empresas, como ha decidido Alemania, o con ayuda de las entidades financieras, como anunció el BCE. Con préstamos a través de bancos de crédito nacionales, como desarrolla España con el ICO. Mediante mecanismos de flexibilidad, ayudas legales del Estado, moratorias en el pago de contribuciones, o aplazamientos de impuestos. Pues si las economías se mantienen paradas, el efecto global y en cadena puede ser peor.
Pues tenemos que ser conscientes de que a pesar de la moderna ciencia y tecnología de que disponemos, en la actualidad nuestra única defensa contra la pandemia es la no transmisión. Solo disponemos de un tipo de actuación contra su propagación: mantenernos alejados del foco de infección. El aislamiento social parece que es la única solución actual, ¡No disponemos de armas científicas o tecnológicas ante esta pandemia!
¿Alguien puede entender que hayamos llegado a este infortunio en pleno siglo XXI?
 

04/04/2020
04/04/2020 | Comentarios



Eduardo Rojas.
Eduardo Rojas.
Nuestra sociedad está viéndose confrontada a una de las más severas crisis vividas en mucho tiempo, explica Eduardo Rojas, miembro del Comité Científico del Club Nuevo Mundo, en este artículo que publica en el diario Levante.

Añade que el coronavirus es un ejemplo más del corolario de riesgos de la globalización… que  ha acelerado la expansión de enfermedades.

También que la globalización forma parte de otros procesos paralelos que se vienen denominando cambio global y entre los que destacan la urbanización y el cambio climático, al que justo antes de esta crisis veníamos prestando una atención preeminente (COP25).

No encontraremos la solución ante unos retos tan fuertemente interrelacionados entre sí pretendiendo retrasar procesos imparables, sino construyendo un futuro dotado de los atributos necesarios para poderlos afrontar con suficientes visos de éxito, escribe también Rojas.

Después de analizar diferentes aspectos de la crisis actual, señala Rojas que debemos aprovechar este brutal frenazo a nuestras costumbres para replantearnos muchos elementos que han caracterizado nuestra forma de vida, como la presencialidad causante de muchos desplazamientos y viajes costosos en esfuerzo, pérdida de tiempo, recursos y emisiones de CO2, apostando decididamente por la administración electrónica, el teletrabajo donde sea posible y las videoconferencias.

Y concluye: esta crisis ha despertado una conciencia transversal sobre la importancia de lo colectivo que va más allá de lo público que debemos aprovechar para abordar los retos, con el objetivo de conseguir una sociedad mucho más cohesionada, resiliente ante las crisis de todo tipo que, sin duda, acecharán.

Leer el artículo completo

Continuamos con nuestros comentarios prospectivos sobre cuál será la trascendencia de la actual pandemia en la economía, y en la evolución de nuestra actual, pero incipiente sociedad digital. Analizamos en que medida se modificará nuestra actual escala de valores y cuáles serán nuestras respuestas, conductas y actitudes, en el momento que se reactive la gestión económica y social, paralizada por el Estado de Alarma.


Históricamente, las pandemias habidas en la edad moderna, hasta ahora, no habían convulsionado a la sociedad, ni han modificado sus costumbres y pautas. La mal llamada gripe española, también de origen chino según se ha comprobado recientemente, de hace ya algo más de un siglo, posiblemente facilitó el fin de la Primera Guerra Mundial, pero no generó un cambio de tendencia de aquella sociedad-
Pero, en mi opinión, el momento actual es muy distinto, pues teníamos planteados números conflictos económicos y sociales en esa incipiente aldea global, y el impacto de la pandemia posiblemente nos haga reconsiderar muchos criterios y costumbres, que entendíamos intrínsecos a nuestro comportamiento vital. Cuestiones de actualidad, como la Sostenibilidad, la Economía Circular, la Industria 4.0, la Transición Energética, el Cambio Climático Antropogénico, etc… tendrán que ser reconsiderados y valorados de nuevo.
Por ejemplo, la paralización de la actividad humana en los países en los que ha sido decretado el estado de alarma, nos permite pensar que el llamado Cambio Climático Antropogénico, puede llegar a ser erradicado, ¿Pero a qué precio?
Sería negligente no ser conscientes de cómo va a reaccionar la población tras este desastre, evaluar las tendencias y nuestro futuro comportamientos social, intentando obtener una enseñanza de nuestra actual y triste situación, y de cómo hemos podido llegar a ella.
Ante el nuevo desafío al que nos enfrentamos: ¿Encontraremos un punto de equilibrio entre sostenibilidad, contaminación atmosférica y cambio climático? Además de también tener en cuenta que, para valorar la tendencia de esos profundos cambios de criterios, valores y actitudes que prevemos, es necesario incluir el impacto de la incipiente sociedad digital existente.
Y ese impacto, como ya decíamos en nuestro artículo anterior, no generará tendencia y cambios paulatinos, sino que, conmocionados por la pandemia, la población actuará de forma rápida y drástica. Un ejemplo de ello ha sido la adaptación al teletrabajo por múltiples empresas, llegando al convencimiento que este método de trabajo puede tener otras ventajas, además de evitar la trasmisión de los virus y enfermedades.
De un día para otro, con una tecnología existente barata y sencilla, muchos puestos de trabajo han cambiado de localización, intentando mantener a la empresa dando el servicio convenido. Y esta adaptación no ha sido dolorosa, ni difícil, pues muchos trabajadores se han adaptado a esta nueva situación sin gran esfuerzo, consiguiendo casi la normalidad del trabajo en su empresa. Es algo que dejará huella, y en la debida proporción, y cuando sea posible, cambiara las costumbres laborales
La condición humana se caracteriza por su capacidad de acomodación al medio y al momento. Somos seres adaptativos, que intentamos conciliarnos con nuestro hábitat, aunque en los últimos cincuenta años, posiblemente hayamos superado los límites admisibles de armonía.
La irrupción de ese nuevo agente patógeno va a acelerar esa capacidad de adaptabilidad, pues ahora somos más conscientes de los problemas que realmente tenemos y de los cambios que verdaderamente son necesarios. En primer lugar, debemos evitar que esta alarma sanitaria pueda volver a producirse, y existen factores de las nuevas tecnologías que pueden ayudar a evitarlo, y que pueden permitir una sociedad más justa, equilibrada y armónica.
Entre los distintos modelos de sociedad digital que se han desarrollado, pienso que nuestro deseo debería de ser que Europa pueda generar un territorio digital que mantenga sus actuales valores democráticos. La opción norteamericana de grandes plataformas digitales, con importante capitalización, dando servicio en todo el mundo, pero con sede en EEUU y tributando solo en ese país, no creo que la quieran compartir los ciudadanos del resto del mundo, y en mi opinión, traiciona la tradición liberal norteamericana.
Tampoco creo que aceptemos voluntariamente el sistema Chino de control policial del individuo, con su escala de reputación social, al que me he referido reiteradamente en estas páginas: Claves para comprender a los defensores de la democracia de extremo oriente I y II
El sistema de Crédito social, que está implantando el Gobierno Chino desde 2014, es un modelo de sociedad digital discriminante, basada en el poder tecnológico del estado. La dictadura comunista ha evolucionado hasta crear las condiciones para instaurar una dictadura digital, junto con una economía capitalista, con plataformas digitales, y una estructura institucional jerarquizada, que gobierna sin oposición política.
Aunque esa sociedad digital, ha respondido ante la catástrofe del Coronavirus de forma efectiva, permitiendo una favorable evolución en poco tiempo, no creo que les satisfaga a los europeos ese régimen policial, que utiliza como excusa y como baremo, la reputación social individual.
Desgraciadamente la historia parece favorecer el autoritarismo, que practica China, y además este país dispone de dinero para exportar e imponer su método coactivo en otros muchos países que compren su tecnología.
¿Y qué ocurrirá? No lo sabemos, pues dependerá del agregado de reacciones individuales, pero el análisis de la posible evolución futura de nuestro mundo, posiblemente lo conozcamos en pocos años.
Decíamos en nuestro escrito anterior que la actual emergencia sanitaria va a tener consecuencias graves, desiguales y duraderas en nuestra sociedad, y especialmente en las familias, y en el trabajo. Tendremos que cambiar algunas cuestiones estructurales: potenciar el campo, potenciar la industria, potenciar las nuevas tecnologías de informática, telecomunicación, inteligencia artificial, robotización, etc… Tendremos que seguir viviendo del turismo, pues ese es el mandato europeo que condicionó nuestra incorporación, pero no con el porcentaje en nuestra economía que ha tenido hasta ahora. Esperemos que los europeos sigan queriendo acudir a nuestras playas y a nuestras ciudades.
Por tanto, se plantea volver a una cierta autarquía, evitando deslocalizar todo lo que pueda hacerse en España, con el fin de no perder puestos de trabajo. Nos hemos dado cuenta, en esta crisis, que no sabemos ya hacer mascarillas, guantes, ropa protectora, y lo tenemos que comprar en China a altos precios, y nuestros enfermos dependen de que el fabricante, o su gobierno, accedan a vendérnoslo ¡Asombroso!
Realmente hemos sido negligentes en nuestra planificación estructural y laboral. Hemos aceptado la deslocalización de la fabricación y la perdida de puestos de trabajo sin el más mínimo control estratégico, y posiblemente sin suficiente lógica. Hemos llegado al contrasentido de participar en la fabricación del Airbus, pero no sabemos fabricar productos carentes de tecnología puntera, como respiradores, intubadores y ropa sanitaria, que apresuradamente tenemos que importar.
Ya se han hecho estimaciones económicas del coste de esta crisis sanitaria. Se sugiere una reducción del PIB del 10%. La crisis financiera del año 2008, genero una caída en 2009 del -3,8%, y tardamos más de ocho años en recuperarnos de aquel golpe. ¿Cuántos años necesitaremos para superar los resultados de la actual crisis?
Y otra consideración, no todos los pueblos son tan solidarios, y menos en época de crisis. Alemania y Holanda, no aceptan que la necesaria financiación de esa nueva deuda que necesitamos, sea financiada con eurobonos. No admiten ser todos solidarios en las deudas que se generarán, y sugieren que se dependa de los fondos presupuestarios europeos, y que cada uno aguante la tormenta con su propia vela….
 

26/03/2020
26/03/2020 | Comentarios



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Nos anticipamos al futuro
Eduardo Martínez de la Fe
Este Blog ha sido creado por el Club Nuevo Mundo para recoger las iniciativas, reflexiones, experiencias y propuestas que sus miembros y socios quieran hacer llegar a la sociedad. Está estructurado en torno a 4 ejes temáticos: artículos, pensamientos, propuestas y noticias. A través de ellos, cualquier persona puede conocer lo que se está cocinando en el seno del Club Nuevo Mundo y comentar las diversas aportaciones.

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